Ángel Campusano Michel aborda los riesgos de los oficios artesanales y de la minería de ámbar y larimar, y la responsabilidad compartida de prevenirlos.

Por Ángel Campusano Michel
Opinión
Cada 11 de octubre, la República Dominicana celebra el Día del Artesano Dominicano para reconocer a quienes transforman materias primas en expresiones de nuestra identidad cultural. La elaboración de joyas de larimar y ámbar, esculturas metálicas y obras de herrería requiere aprendizaje, dominio del oficio y creatividad.
La conmemoración también debe conducirnos a reflexionar sobre la salud de quienes producen estas piezas. Además de valorar sus obras, necesitamos considerar las condiciones en que trabajan, los riesgos que enfrentan y las consecuencias que el oficio puede tener sobre su bienestar.
Riesgos en los talleres
El orfebre aplica calor, realiza soldaduras y pule superficies con instrumentos pequeños y movimientos repetitivos. El herrero trabaja con el calor de la fragua, el peso del martillo y la resistencia del metal. Ambos oficios exigen precisión, concentración y esfuerzo físico.
La siderurgia y la metalurgia comprenden procesos industriales distintos de la artesanía tradicional, pero presentan riesgos relacionados con elementos similares: altas temperaturas, metales, maquinaria, partículas suspendidas y exigencias físicas.
Algunos accidentes provocan daños inmediatos, como quemaduras, heridas, fracturas o lesiones oculares. Otros problemas de salud se desarrollan lentamente, después de años de exposición.
El polvo generado al perforar, cortar, desbastar o pulir determinados materiales puede penetrar profundamente en el aparato respiratorio. Cuando contiene sílice cristalina respirable, representa un riesgo de silicosis, una enfermedad pulmonar irreversible, además de otras afecciones respiratorias.
Los humos de ciertas operaciones de soldadura y fundición pueden contener manganeso, cromo, níquel, plomo u otros metales. Sus efectos dependen de la sustancia, su concentración y el tiempo de exposición, y pueden comprometer los sistemas respiratorio y nervioso, entre otros órganos.
El ruido de martillos, esmeriles, compresores y maquinaria puede causar pérdida auditiva gradual. Los movimientos repetitivos, las posturas forzadas, la manipulación de cargas y las jornadas prolongadas pueden provocar lesiones musculoesqueléticas en manos, muñecas, hombros, rodillas y columna vertebral. También existen riesgos de afecciones de la piel, agotamiento por calor y accidentes eléctricos.
No todos los trabajadores están expuestos a todos estos peligros. La naturaleza y magnitud del riesgo dependen del oficio, los materiales, los procedimientos y las condiciones de trabajo. La prevención debe comenzar con una evaluación de las exposiciones reales.
Minería de ámbar y larimar
El valor del ámbar y el larimar también debe llevarnos a considerar las condiciones de su extracción. Los mineros pueden enfrentarse a espacios reducidos, ventilación limitada, humedad, polvo y posibles desprendimientos o derrumbes.
La estabilidad de las excavaciones, la calidad del aire, la acumulación de gases, la entrada de agua, los accesos y la capacidad de respuesta ante emergencias inciden en su seguridad.
La regulación dominicana de la minería artesanal de ámbar y larimar contempla obligaciones sobre ventilación, monitoreo de gases, drenaje, capacitación, protección personal y preparación para emergencias. La seguridad requiere medidas que van más allá de la experiencia individual del minero.
Se han anunciado iniciativas para fortalecer la inspección, la asistencia sanitaria y la protección social de quienes extraen larimar en Barahona. Estos avances requieren seguimiento, continuidad y evaluación: la existencia de programas no garantiza, por sí sola, que todos estén suficientemente protegidos.
Prevención y responsabilidad compartida
El trabajo artesanal se aprende mediante la observación, la práctica y la transmisión de experiencias. Ese aprendizaje debe incorporar las precauciones necesarias para proteger la integridad propia y la de los demás. Un maestro artesano debe enseñar tanto sus técnicas como métodos seguros de trabajo.
El ruido intenso, el polvo, el calor o el dolor persistente después de la jornada pueden percibirse como consecuencias normales del oficio. Acostumbrarse a ellos no los convierte en aceptables. La experiencia también consiste en reconocer peligros y cuestionar prácticas inseguras.
Los equipos de protección personal deben ser adecuados al riesgo, utilizarse correctamente y formar parte de un sistema de prevención. Los guantes, la protección respiratoria y las gafas son medidas importantes, pero no sustituyen el control de los peligros desde su origen.
Siempre que sea posible, los riesgos deben eliminarse o reducirse mediante ventilación y extracción localizada de humos y polvos, sustitución de materiales peligrosos, resguardos en las máquinas, control del ruido, organización de los espacios y procedimientos seguros.
En las explotaciones mineras, también es necesario garantizar condiciones geotécnicas adecuadas, ventilación, monitoreo atmosférico, accesos seguros y planes efectivos de emergencia y rescate.
La vigilancia de la salud puede incluir evaluaciones respiratorias, auditivas, musculoesqueléticas, dermatológicas y otras valoraciones clínicas, según los riesgos identificados. Debe complementarse con capacitación, servicios sanitarios, notificación de accidentes y enfermedades, y protección social.
La seguridad ocupacional compromete a trabajadores, empleadores, propietarios de talleres, productores mineros, autoridades, instituciones formativas y organizaciones del sector. Los pequeños talleres y las actividades informales necesitan especial atención: sus limitaciones económicas pueden dificultar la prevención. Además de exigir cumplimiento, debemos facilitar asistencia técnica y formación.
Un compromiso con la salud

Perfeccionar un oficio supone aprender, corregir errores y proteger a quien lo ejerce. El conocimiento debe orientar las acciones y superar la resignación ante el peligro. La experiencia debe valorarse por la capacidad de reconocer y controlar riesgos, y evitar que otros padezcan sus consecuencias.
Debemos evitar romantizar el sufrimiento laboral. Las cicatrices, la pérdida auditiva, las enfermedades respiratorias y el dolor crónico no son consecuencias que debamos aceptar como inevitables. Reconocer el valor cultural del artesano implica defender su derecho a un trabajo seguro, promover la formalización responsable y facilitar servicios de salud.
El desarrollo del sector debe evaluarse también por su capacidad para preservar la vida y el bienestar de quienes hacen posible esa actividad económica. Ese reconocimiento incluye a sus familias, que comparten las consecuencias de las enfermedades y los accidentes.
Honrar al artesano nos compromete a procurar mejores condiciones de trabajo para cada generación. Al terminar la jornada, todo trabajador debería poder regresar a casa con salud.
Metadescripción: Ángel Campusano Michel analiza los riesgos laborales de artesanos y mineros de ámbar y larimar y la importancia de prevenir daños a su salud.
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Sobre el autor
Ángel Campusano Michel es docente universitario e investigador en ciencias de la salud. Su trayectoria vincula la formación académica, la investigación científica, la reflexión ética y la salud pública con la dignidad del trabajo y el bienestar de las personas.
Referencias sobre salud y seguridad laboral
NIOSH Silicosis y vigilancia de la salud
NIOSH Riesgos de los humos de soldadura
NIOSH Pérdida auditiva ocupacional
NIOSH Factores de riesgo musculoesquelético
NIOSH Jerarquía de medidas de control
Energía y Minas Reglamento de extracción de ámbar y larimar
Energía y Minas Inspectores de seguridad de la mina de larimarEnergía y Minas Seguro de vida y atención primaria para mineros de larimar



